- Preparación de las fabes: La noche anterior, coloca las fabes en remojo en abundante agua fría. Usa un recipiente grande, ya que las fabes absorberán agua y casi duplicarán su tamaño. Si alguno de los productos, como la panceta, está en salazón, también deberás ponerlos en remojo el día anterior para eliminar el exceso de sal.
- Cocción inicial: Al día siguiente, pon las fabes escurridas en una olla grande junto con el chorizo, morcilla, panceta, y las manitas de cerdo (si decides usarlas). Cubre todos los ingredientes con agua, asegurándote de que haya al menos dos dedos de agua por encima de los ingredientes.
- Opciones: Hay variaciones familiares o regionales que incorporan algo de pimentón, cebolla, laurel, ajos y aceite de oliva extra virgen pero no forman parte de la receta más tradicional.
- Asustar las fabes: Lleva la olla a fuego medio-alto hasta que el agua comience a hervir. En ese momento, añade medio vaso de agua fría para «asustar» las fabes. Esto ayuda a que no se rompan o despellejen durante la cocción. Repite este proceso un par de veces más durante la cocción.
- Cocción lenta: Baja el fuego y deja que las fabes se cocinen lentamente durante unas dos horas, o hasta que estén tiernas. Es importante no remover con cuchara para evitar que las fabes se rompan. Si es necesario, mueve la olla suavemente para mezclar los ingredientes. Asegúrate de que las fabes siempre tengan suficiente caldo, añadiendo agua si se queda corto, pero hazlo con cuidado para no cortar la cocción.
- Ajuste de sal: No añadas sal al principio, ya que algunos productos, como la panceta o el chorizo, pueden aportar suficiente sal durante la cocción. Prueba el caldo casi al final de la cocción y, si es necesario, ajusta el punto de sal en ese momento.
- Reposo: Una vez cocida la fabada, lo ideal es dejarla reposar unas horas o, mejor aún, hasta el día siguiente. Este reposo permitirá que los sabores se intensifiquen y se mezclen mejor.

