- Seleccionar y preparar las verduras: Utiliza las verduras que tengas a mano, aprovechando aquellas que estén a punto de estropearse. Evita usar pimientos verdes o rojos, ya que pueden dominar el sabor de la crema. Algunas buenas opciones incluyen patata, cebolla, calabacín, zanahoria, puerro, nabos, judías verdes, acelgas, espinacas, calabaza, apio y guisantes. Pela y trocea las verduras según sea necesario.
- Saltear las verduras: En una olla grande, calienta un poco de aceite de oliva y comienza salteando las verduras más duras como las patatas y zanahorias. Progresivamente, añade las verduras más blandas como el puerro y el calabacín. No es necesario cocinar cada verdura a la perfección ya que se triturarán.
- Añadir líquidos y cocer: Cuando las verduras estén algo rehogadas, añade caldo de pollo y un poco de agua para evitar que el resultado final sea demasiado concentrado o salado. Cocina hasta que todas las verduras estén tiernas.
- Triturar las verduras: Transfiere las verduras y su jugo de cocción a una batidora de vaso y tritura hasta obtener una crema fina. Si la textura no es lo suficientemente suave, pasa la crema por un chino para refinarla.
- Ajustar la textura y sazón: Incorpora un poco de leche o nata líquida y un chorrito de aceite de oliva extra virgen para enriquecer la crema. Rectifica el punto de sal y añade pimienta recién molida al gusto después de obtener la consistencia deseada.
- Servir: Sirve la crema caliente acompañada de tostones de pan fritos en aceite de oliva o espolvoreada con queso parmesano rallado. Como alternativa, puedes añadir dos o tres quesitos en porciones a la batidora en lugar de la leche para una versión más cremosa.