Alfonso III (866-910)

Alfonso III (848-910), hijo de Ordoño I, fue el último rey de Asturias. Con apenas 18 años, asumió el trono en el año 866, marcando un antes y un después en la historia del reino cristiano.

Alfonso III fue un rey guerrero y ambicioso. Expandió enormemente las fronteras del reino hacia el sur, consolidando el dominio cristiano. Su victoria en la batalla de Polvoraria fue tan decisiva que el emirato de Córdoba pidió una tregua. Incluso llegó a apoyar a los muladíes rebeldes contra Córdoba, aprovechando las divisiones internas de Al-Andalus.

Se casó con Jimena, hija del rey de Pamplona, García Íñiguez, reforzando la frontera oriental y asegurando la paz con los vascones. Con ella tuvo varios hijos, entre ellos García, Ordoño y Fruela.

Además de guerrero, Alfonso III fue un gran impulsor de la repoblación, fomentando la colonización de las tierras conquistadas. León fue adquiriendo cada vez mayor importancia durante su reinado, convirtiéndose en la capital de facto del reino.

Alfonso III se consideraba heredero de los reyes visigodos y adoptó el título de «Hispaniae Rex» e «Hispaniae Imperator», reivindicando su poder sobre toda la Península Ibérica. También impulsó la creación de crónicas que recopilaban la historia de los reinos cristianos.

El final de su reinado fue turbulento. Sus hijos se rebelaron y le obligaron a abdicar en el año 910. A su muerte, el reino se dividió entre sus tres hijos varones: García, que recibió León; Ordoño, que se quedó con Galicia; y Fruela, a quien le correspondió Asturias.

Alfonso III «el Magno» fue una figura clave en la consolidación y expansión del reino cristiano. Su reinado marcó el fin de una era y el comienzo de una nueva etapa en la historia de España.