- Preparar las almendras: Pica las almendras con un cuchillo hasta obtener trozos pequeños pero no finos como harina. Esto proporcionará una textura más crujiente y una mejor adherencia a las bolitas de morcilla.
- Formar las bolitas de morcilla: Retira la piel de la morcilla y forma bolitas del tamaño de un bocado. Humedece tus manos con agua para evitar que la morcilla se pegue a tus dedos mientras formas las bolitas.
- Rebozar las bolitas: Pasa cada bolita primero por harina, asegurándote de cubrirlas ligeramente. Luego, sumérgelas en huevo batido, y finalmente, rebózalas en las almendras picadas. Presiona suavemente para que las almendras se adhieran bien a la superficie.
- Freír las bolitas: Calienta abundante aceite en una sartén a 180ºC. Fríe las bolitas en pequeñas tandas para no bajar la temperatura del aceite, cocinándolas unos pocos minutos hasta que estén doradas y crujientes.
- Escurrir el exceso de aceite: Una vez fritas, transfiere las bolitas a un plato cubierto con papel absorbente para eliminar el exceso de grasa.
- Consumir o almacenar: Las bolitas de morcilla se deben consumir recién hechas, mientras están calientes o templadas para mejor sabor y textura. Si necesitas prepararlas con antelación, una vez formadas, puedes guardarlas en un recipiente herméticamente cerrado en la nevera, o incluso congelarlas para freír en otro momento.