Sólo 28 días en febrero

Los meses de julio y agosto deben sus nombres a Julio César y a su sucesor, Cayo Julio César Augusto. Julio César cambió el nombre del mes en que había nacido, «quintilis» (por aquel entonces, el año comenzaba en marzo), para que llevara su propio nombre, «julio». Dicho mes era y es de 31 días.

Su sucesor, para no ser menos, hizo lo propio y cambió el siguiente mes, «sixtilis», para que se llamara «agosto». Como, por entonces, sólo tenía 30 días, le quitó un día a febrero y así estuvo al mismo nivel que su antecesor, Julio César.

Cabe destacar que, cuando el año comenzaba en marzo, los últimos tres meses del año eran conocidos en latín como «october» (octavo), «november» (noveno) y «december» (décimo). A medida que el calendario cambió y el año comenzó en enero, estos nombres ya no reflejan su posición en el nuevo calendario.

La razón por la que el año comenzó a iniciarse en enero se debe a que los romanos tuvieron dificultades con sus campañas bélicas de verano. En aquellos tiempos, mantener campañas guerreras en invierno no era factible. A medida que las fronteras de Roma se fueron expandiendo, los tiempos de desplazamiento de las tropas se alargaron y el otoño e invierno se les echaban encima. Por ello, decidieron cambiar el inicio del año a enero. Así, los últimos tres meses siguen llamándose «octubre», «noviembre» y «diciembre», conservando sus nombres originales en latín. Y así fue como un simple cambio de calendario permitió a los romanos evitar salir a pelear en medio de la nieve… porque, seamos honestos, combatir con frío y resfriado no es nada glamuroso.