Montaña artificial

En Roma se encuentra el Monte Testaccio, una colina artificial que ocupa una base de aproximadamente 20.000 m² y se eleva unos 35 metros. Este monte tiene un origen fascinante, ya que está formado por los restos de más de 53 millones de ánforas rotas. La mayoría de estas ánforas, utilizadas entre los siglos I y III d.C., transportaban aceite de oliva desde la Bética hasta Roma. Ya en aquel tiempo, la calidad del aceite de oliva español era altamente valorada.

Las ánforas tenían una forma peculiar de cono invertido, lo que puede resultar sorprendente ya que no parece la forma más adecuada para almacenar aceite. Sin embargo, esta forma tenía una razón práctica: el transporte se realizaba en barcos cuyas bodegas se rellenaban con arena o incluso cereales, permitiendo que las ánforas se insertaran en estos materiales y así evitaran daños durante la navegación. Al llegar a Roma, las ánforas eran consideradas de un solo uso; romperlas resultaba más económico que limpiarlas para reutilizarlas, lo que explica la acumulación de estos restos cerámicos en el Monte Testaccio.

En la actualidad, el aceite español continua cruzando el Mediterráneo. Sin embargo, no es raro que, una vez en Italia, este aceite sea comercializado sutilmente como si hubiera sido prensado entre las idílicas colinas italianas, en lugar de las soleada Andalucía. Así, aunque las ánforas de barro se han quedado en el pasado, la habilidad para revestir el oro líquido español con un aura de italianidad parece ser un arte que no ha conocido fin.