- Preparar los garbanzos: La noche anterior, pon los garbanzos a remojo en abundante agua templada con una pizca de sal. Al día siguiente, enjuágalos con agua limpia antes de cocinar.
- Cocer los garbanzos: En una olla con agua caliente, añade los garbanzos, dos dientes de ajo pelados y un trozo de bacalao desmigado (reserva el resto). Coloca las pieles del bacalao y una hoja de laurel en una redecilla para facilitar su retirada después. Cocina a fuego lento durante unas dos horas, o hasta que los garbanzos estén tiernos.
- Mantener el agua: Asegúrate de que el agua cubra los garbanzos al menos tres dedos. Si necesitas añadir más agua, hazlo siempre caliente para evitar cortar la cocción y que los garbanzos queden duros.
- Hacer el sofrito: En una sartén con aceite de oliva, pocha la cebolla picada. Cuando esté blanda, añade una cucharada de harina, ½ ajo machacado y un poco de perejil picado. Remueve bien y añade el pimentón dulce, cocinando durante un par de minutos con cuidado de que no se queme. Incorpora este sofrito a la olla con los garbanzos.
- Preparar las albóndigas de bacalao: Mezcla un trozo de bacalao desmigado (sin cocer) con un diente de ajo picado, una cucharada de cebolla muy picada, un huevo y dos cucharadas de pan rallado. Forma bolitas, pásalas por harina y fríelas ligeramente en una sartén con aceite de oliva virgen extra. Añade las albóndigas a la olla.
- Añadir las espinacas y el bacalao: Cuando los garbanzos estén casi tiernos, incorpora las espinacas limpias y lavadas junto con el bacalao restante, cortado en trozos grandes.
- Finalizar el guiso: Añade dos huevos duros picados, prueba el punto de sal y ajusta si es necesario.
- Sugerencia: Este guiso está aún más sabroso de un día para otro, ya que los sabores se integran mejor.