- Preparar el caldo y el aceite: Calienta tres tazas de caldo de pollo en un cazo y pon cuatro cucharadas de aceite de oliva virgen extra en una sartén. Calienta el aceite a fuego medio, asegurándote de que no llegue a echar humo.
- Hacer la base de la salsa: Retira la sartén del fuego y añade el pimentón dulce y el pimentón picante. Remueve rápidamente para integrar los pimentones y evitar que se quemen. Añade una cucharada de harina y mezcla bien hasta formar una masa similar a una bechamel.
- Incorporar el caldo: Añade el caldo caliente poco a poco mientras remueves enérgicamente con unas varillas para evitar grumos. Ajusta la cantidad de caldo según la consistencia que desees para la salsa.
- Freír las patatas: Corta las patatas en trozos generosos. Fríelas en abundante aceite caliente a fuego lento hasta que estén blandas. Retíralas de la sartén, sube el fuego del aceite y vuelve a freírlas hasta que queden doradas y crujientes por fuera.
- Alternativa de cocción: Como alternativa, puedes cocer las patatas en abundante agua durante unos 20 minutos antes de freírlas en aceite bien caliente. Esto reduce el tiempo de fritura y asegura una textura tierna por dentro.
- Montar el plato: Coloca las patatas fritas en una fuente y añade sal al gusto. Riega las patatas con la salsa caliente.
- Variaciones: La receta tradicional solo utiliza pimentón en la salsa, pero si prefieres una textura más suave y un sabor ligeramente diferente, puedes añadir una cucharada de tomate frito a la mezcla.
- Presentación típica: En bares, la salsa se suele servir en biberones para que cada comensal se sirva la cantidad deseada.