Don Pelayo inició la Reconquista, pero fue Alfonso I, hijo de Pedro de Cantabria, quien consolidó el reino asturiano y lo expandió. Al casarse con Ermesinda, hija de Don Pelayo, fusionó las dos familias más importantes de la zona, lo que le granjeó una gran legitimidad desde el inicio de su reinado. Esto le permitió consolidar su posición sin oposiciones internas y lanzarse rápidamente a la conquista de nuevos territorios.
Sus conquistas en Galicia y el valle del Duero fueron posibles gracias a la habilidad militar de su hermano Fruela, un guerrero valiente que lideraba audaces cabalgadas en busca de botín. Estas incursiones, realizadas principalmente en verano (que en invierno, ¡con la que caía por el norte!, no se guerrea), estaban formadas por partidas de campesinos convertidos en guerreros, ansiosos por conseguir riquezas en una Asturias donde los tesoros escaseaban. Pero las cabalgadas de Fruela no solo se limitaban a saquear, también tenían un objetivo estratégico: reunir a los cristianos que aún quedaban dispersos por los territorios ocupados por los musulmanes y llevarlos al norte. Este proceso fue especialmente importante en zonas como la actual Tierra de Campos, donde se incorporaron al reino asturiano gentes acostumbradas a la lucha y con un profundo conocimiento del terreno.
La expansión de Alfonso I no se puede entender sin mencionar el éxodo beréber de Galicia y el valle del Duero. Estos pueblos, cansados de las luchas internas y de la presión de los musulmanes del sur, abandonaron sus tierras, dejando un vacío de poder que Alfonso I supo aprovechar.
Y aunque tradicionalmente se ha destacado el papel de Alfonso I en la repoblación de estas zonas, lo cierto es que fue un proceso más espontáneo. Agricultores, artesanos y monjes, seguramente motivados por la superpoblación en Asturias debido a la llegada de cristianos del sur, se aventuraron a colonizar esas nuevas tierras en busca de oportunidades.
Además de Fruela, Alfonso I tuvo otros hijos legítimos, entre ellos Adosinda, que se casó con Silo, quien también llegaría a ser rey de Asturias, y Vimarano, que sería asesinado por su propio hermano, Fruela I, hacia el final de su reinado al ser considerado una amenaza. Esta tragedia familiar marcó el ocaso del reinado de Fruela I y contribuyó a su posterior asesinato. Pero también tuvo otro hijo ilegitimo, con una sierva gallega, que llegaría a reinar como Mauregato I ¡Menuda familia real!
Alfonso I no solo fue un conquistador, sino también un hábil gobernante. Trasladó la corte a Oviedo, dotando al reino de una capital con mayor peso simbólico y estratégico. Impulsó la construcción de iglesias y monasterios, contribuyendo a la expansión del cristianismo y a la creación de una identidad propia del reino.
Tras un reinado de casi dos décadas, Alfonso I murió de muerte natural en el año 757. Sus restos descansan en la Iglesia de Santa María de Covadonga, junto a los de su esposa Ermesinda. Un final tranquilo para un rey que dedicó su vida a la lucha y a la construcción de un nuevo reino.
En definitiva, Alfonso I fue un rey fundamental en la historia de Asturias. Gracias a su liderazgo, el reino se consolidó, se expandió y sentó las bases para la futura Reconquista.
