- Preparar el aceite y las almendras: Coloca cuatro cucharadas de aceite de oliva virgen extra en una sartén. Sin esperar a que el aceite esté caliente, añade las almendras crudas y peladas.
- Freír a fuego lento: Cocina las almendras a fuego lento, removiendo constantemente para asegurarte de que se doren de manera uniforme por ambos lados. Evita que se tuesten en exceso, ya que pueden amargar.
- Retirar del fuego: Cuando las almendras comiencen a tomar color, retíralas de la sartén y colócalas en un plato con papel de cocina absorbente para eliminar el exceso de aceite. A medida que las vayas sacando, es conveniente retirar la sartén del fuego para evitar que las almendras se quemen.
- Añadir la sal: Mientras las almendras aún están calientes, espolvorea sal fina generosamente. Remueve bien para asegurarte de que todas las almendras queden sazonadas. Si es necesario, elimina el exceso de sal.
- Disfrutar templadas: Lo ideal es consumir las almendras cuando aún están templadas, ya que es cuando mejor conservan su sabor y textura.