Situación
Unos lo califican de problema de primera magnitud, tanto por el deterioro de los valores de occidente, como por el incremento de la delincuencia, o los costes para su difícil integración. Como solución abogan por el endurecimiento de las barreras de entradas o la devolución en caliente.
Otros apelan a la necesidad de ayudar a los más necesitados que huyen de las guerras, las hambrunas o las persecuciones y que buscan alcanzar una vida digna.
Desde luego, no es un asunto sencillo de resolver. Las presiones migratorias, que sufren los países más ricos, seguirán creciendo, hagan lo que hagan los gobiernos de turno. Y, es incuestionable, que ya se están produciendo ciertas convulsiones en las políticas de los países europeos. Una de las razones de la salida del Reino Unido de la Unión Europea fue, precisamente, este tema. Pero igualmente se considera que el crecimiento de la derecha en Europa se debe, en buena parte, a dicha presión migratoria.
Ahora bien, un mínimo sentimiento de humanidad parece indicar que, ante un naufragio con cientos de inmigrantes, niños incluidos, se debe prestar socorro. Utilizar armas de fuego ante una avalancha de inmigrantes que tratan de saltar una valla fronteriza tampoco parece razonable. Dejar morir o encarcelar a los que, de un modo u otro, han llegado a Europa, tampoco resulta asumible.
Pero tampoco parece razonable pretender que los países occidentales puedan acoger, sin más, estas crecientes olas de migrantes.
Respuestas
Lo cierto es que ni la derecha, ni la izquierda política tienen respuestas reales o realistas a este problema. Hasta ahora se han lanzado algunas iniciativas tendentes a aportar recursos a los países más pobres, que generan esta inmigración. Incluso se han implantado cuotas de acogida entre los países de la Unión Europea (con el enfado de algunos). Mucho se ha debatido con las mafias que se lucran de estos procesos migratorios pero sin que se hayan podido implantar mecanismos para su erradicación.
Pero, al mismo tiempo, estos colectivos de ilegales, sin posibilidades de acceder a un puesto de trabajo, con bajos niveles de cualificación y educación, y con unas culturas y valores distintos a los occidentales (en algunos casos con usos que son delitos en occidente) son una bomba de relojería de conflictividad social y de aumento de la delincuencia.
Pero yo diría más, son los gobiernos los que están favoreciendo esta situación. Un sin papeles, tiene muchas probabilidades de convertirse en un delincuente, si no lo era ya, por la mera necesidad de supervivencia. Y los gobiernos, ni los deportan, ni los dejan ganarse la vida por otros medios. Así de sencilla y dura, es la realidad. La izquierda suele tener tendencia a legalizar, cada cierto tiempo, a los ilegales y la derecha suele aducir que esas decisiones generan un efecto llamada. Claro que, igualmente, ciertos colectivos de la izquierda, especialmente sindicatos, suelen estar en contra de la legalización ya que supone una presión sobre los nacionales.