22. Juego de Tronos Asturiano

Ideas Principales

  • Un periodo de intrigas en la corte de Asturias

  • Carlomagno se adentra en la Península y es derrotado en Roncesvalles

  • Se traslada el centro religioso de Toledo a Asturias con el Beato de Liébana.

Tabla de contenidos

22.1. Fruela I: La espada y la traición.

Alfonso I, el rey que consolidó el Reino de Asturias e inició la Reconquista, dejó tras de sí un legado imborrable… y una familia digna de una telenovela. Fruela I, el heredero al trono, sediento de gloria; Vimarano, su hermano legítimo, siempre a su sombra; Adosinda, la astuta hermana, que jugaría un papel clave en la sucesión; y Mauregato, el hijo ilegítimo fruto de una relación con una esclava gallega… (Alfonso I debió reconocerlo, ¡para disgusto de su esposa Ermesinda!).

Fruela era todo lo contrario a su padre. Mientras Alfonso era un estratega prudente, Fruela era un torbellino de energía. Un guerrero impulsivo que, apenas se ciñó la corona, se lanzó a la batalla contra los musulmanes. Su victoria en la batalla de Pontuvio (o quizás en otro lugar, que las crónicas no se ponen de acuerdo…) fue aplastante. Fruela no solo derrotó a los musulmanes, sino que tomó prisionero a Omar, hijo de un primo carnal de Abderramán. Y, sin miramientos, ¡lo degolló! Este rey sí que tenía agallas… y un pronto un tanto inquietante.

Biografía Fruela

Pero los musulmanes no eran los únicos que preocupaban a Fruela. Los vascos, con su espíritu indómito, también dieron algún que otro quebradero de cabeza al joven rey. Y por si fuera poco, ¡en la propia Galicia algunos nobles rebeldes intentaron desafiar su autoridad! Vamos, que Fruela tenía enemigos hasta en la sopa y como parece que Fruela, más que en la diplomacia, confiaba en la fuerza de la espada. ¡Primero golpeaba, y luego ya preguntaba! Tras someter a las tribus vascas (y a los díscolos gallegos, ¡claro!), Fruela decidió asegurar la paz casándose con Munia, una noble vascona. ¡Un matrimonio de conveniencia en toda regla! De esta unión nacería el futuro Alfonso II, el primer heredero al trono asturiano nacido después de la conquista musulmana.

En la corte, Fruela se movía como pez en el agua… o más bien como un tiburón entre sardinas. Con un carácter que algunos describirían como «explosivo», impuso su voluntad a la nobleza. Prohibió el matrimonio de los clérigos (¿una medida para controlar el poder de la Iglesia?), emitió la primera moneda del reino (¡un visionario!), y mantuvo contactos con Pipino el Breve, el rey de los francos (¡un precursor de la política internacional!).1 Las asociaciones con el pepino, Pipi Calzaslargas y demás rimas son inevitables, y seguro que más de uno ha soltado una sonrisa al escuchar el nombre de algún rey franco

Pero la ambición de Fruela no conocía límites. Cuando sospechó que su hermano Vimarano conspiraba contra él, no dudó en actuar con contundencia. Ordenó su asesinato… ¡en una iglesia! Un acto sacrílego que escandalizó a la nobleza y que desencadenaría su propia tragedia. En el 768, Fruela fue asesinado por sus propios hombres. ¡Qué irónico! El rey guerrero, caído a manos de aquellos en quienes confiaba.

Con la muerte de Fruela, el trono quedó vacante. Y aquí es donde entra en escena Aurelio, un noble de origen godo que supo estar en el lugar adecuado en el momento adecuado.2 Un reinado corto, de sólo seis años, sin penas ni glorias. Su elección como rey pone de relieve que la corona de Asturias aún no era hereditaria, sino que seguía la tradición visigoda de ser electiva. ¡Un antecedente de la democracia en el siglo VIII!

Pero la historia no termina aquí. El joven Alfonso, hijo de Fruela, con apenas 8 años, ha presenciado la muerte de su padre y la usurpación de su trono. Queda al cuidado de su tía Adosinda, hermana de Fruela… y futura esposa de Silo, el próximo rey de Asturias. ¡Las intrigas palaciegas continúan!

22.2. Silo y Adosinda

Tras la muerte de Aurelio en el 774, Silo, casado con Adosinda (hija de Alfonso I), se convirtió en rey.

La elección de Silo como rey, gracias a su matrimonio con Adosinda, seguía una tradición ya vista en la corte asturiana. Parece que casarse con una mujer de la realeza era un buen atajo para llegar al trono. En la sociedad visigoda, las mujeres tenían cierta influencia y derechos sucesorios.

Una vez asentado en el poder, Silo inició un periodo de relativa paz con Al-Ándalus. Este hecho despertó las sospechas de las crónicas, que no dudaron en alimentar las habladurías sobre los oscuros orígenes de Silo. Se decía que su madre era musulmana o bien que su madre fuera enviada a Córdoba en calidad de rehén. ¿Verdad o simple rumor? Un halo de misterio envuelve al rey Silo, un monarca que quizás ocultaba más de lo que mostraba.

Adosinda

No obstante, también es cierto que Abderramán tenía otras preocupaciones más urgentes. El valle del Ebro era un polvorín, con clanes musulmanes como los Banu Qasi (¿les suena el nombre de Benicasim? ¡Pues de ahí viene!), descendientes de nobles visigodos convertidos al Islam, buscando su propio beneficio en medio del caos. En este contexto, algunos líderes musulmanes de origen sirio, como Sulayman al-Arabi y Husayn de Zaragoza, enfrentados al emir de Córdoba, le habían pedido ayuda a Carlomagno para independizarse y le ofrecían Zaragoza. ¡Una oferta que Carlomagno no pudo rechazar! Así que, ni corto ni perezoso, cruzó los Pirineos con su ejército. Por el camino, para no dejarse enemigos a la espalda, destruyó las murallas de Pamplona. Tonterías las justas.

Pero la cosa se complicó. Zaragoza no le abrió las puertas, y de vuelta a casa, en Roncesvalles, sufrió una emboscada y fue derrotado. 3Unos dicen que fueron los vascos, enfurecidos por la destrucción de Pamplona, otros una alianza de moros y vascos, incluso hay quien dice que fueron aquitanos. Vaya usted a saber. La derrota de Roncesvalles fue un duro golpe para Carlomagno, que vio cómo sus sueños de gloria se desvanecían en un estrecho valle pirenaico. Abderramán, por su parte, respiró aliviado y aprovechó la ocasión para castigar a los rebeldes del valle del Ebro. ¡A ver quién se atrevía a desafiarle ahora!

Tras el fiasco de Roncesvalles, Carlomagno se dio cuenta de que controlar todo el territorio al norte del Ebro era misión imposible. Así que decidió crear la Marca Hispánica, una especie de «zona de seguridad» entre su imperio y Al-Andalus. La idea era frenar a los musulmanes y extender la influencia franca. Pero la jugada le salió rana. Los condados de la Marca fueron ganando autonomía y, con el tiempo, se convirtieron en los gérmenes de los futuros reinos cristianos del norte de la Península. ¡Un legado inesperado de la «gran» idea de Carlomagno!

Así pues, Silo y Adosinda tuvieron vía libre para consolidar su poder en Asturias. Trasladaron la corte a Pravia, un lugar más seguro y estratégico… más próximo a la levantisca nobleza gallega, que tantos problemas había causado a Fruela I ¡y a Silo también! Parece que los gallegos tenían un don para la rebelión. ¿O quizás Adosinda simplemente quería una casa más grande y con vistas al mar? ¡Quién sabe! Lo cierto es que Pravia, con su privilegiada situación en la desembocadura del río Nalón, se convirtió en un importante centro de poder.

Mientras tanto, el joven Alfonso, hijo de Fruela I, crecía bajo la tutela de su tía Adosinda. Ella, consciente de los derechos de su sobrino, intentó que fuera elegido rey tras la muerte de Silo, que por aquel entonces contaría con unos 23 años. Pero sus planes se vieron truncados por la ambición de Mauregato, el hijo ilegítimo de Alfonso I, que se apoderó del trono mediante una conjura. ¿Las razones? Pues las crónicas mencionan el recuerdo de las «barbaridades» de Fruela I, pero seguramente había algo más. Resulta curioso que la nobleza rechazara a Alfonso por ser hijo de Fruela, cuando Mauregato también lo era, aunque de forma ilegítima. ¿Doble rasero? ¡Sin duda! Quizás la nobleza vio en Mauregato a un rey fácil de manipular, o quizás simplemente querían vengarse de la familia de Fruela. ¡En la corte asturiana, las intrigas y las ambiciones ocultas estaban a la orden del día!

Y así, con la llegada de Mauregato al poder, se abre un nuevo capítulo en la historia del Reino de Asturias. Un capítulo oscuro, lleno de sombras, leyendas y… ¡el famoso tributo de las cien doncellas! Prepárense para conocer a uno de los reyes más controvertidos de la historia asturiana.

22.3. Mauregato: El tributo de las cien doncellas

Mauregato, el rey que robó el trono a Alfonso II, no solo se ganó la mala fama en los libros de historia. Sus contemporáneos ya lo tenían calado. Para muestra, un botón: su epitafio reza «Mauregato, malvado tirano, pereció por su iniquidad». ¡Casi nada! Con esa carta de presentación, no es de extrañar que haya pasado a la historia con peor fama que un político corrupto.

Mauregato

Y lo del tributo de las cien doncellas… bueno, parece que las crónicas se dejaron llevar por la imaginación. ¿Cien doncellas al año? ¡Con la población que tenía Asturias en aquella época, tendrían que haber mandado a abuelas y recién nacidas para cumplir la cuota! Esta leyenda, que ha inspirado poemas y obras de teatro, cuenta que Mauregato, para apaciguar a los musulmanes (o quizás para satisfacer algún capricho personal), se comprometió a entregarles cien doncellas vírgenes cada año. ¡Imaginen el horror de esas jóvenes! Aunque los historiadores dudan de la veracidad de esta historia, lo cierto es que contribuyó a crear una imagen negativa de Mauregato, el «rey maldito» que oprimió a su pueblo.

Lo cierto es que Mauregato fue un rey impopular, que usurpó el poder y retrasó la llegada al trono de Alfonso II, el legítimo heredero. Quizás por eso la historia lo ha tratado con tanta dureza. ¡O quizás simplemente era un tipo antipático! Además de su fama de tirano, Mauregato no se casó ni tuvo descendencia, lo que contribuyó a crear una imagen de rey «solitario» y «misterioso».

Pero no todo fueron sombras en el reinado de Mauregato. En el ámbito religioso, se produjo un hecho de gran trascendencia: el enfrentamiento entre Beato de Liébana, un monje asturiano, y Elipando de Toledo, el arzobispo de la capital visigoda. Elipando, como arzobispo de Toledo en territorio musulmán, tenía que hacer equilibrios para mantener la cohesión de la comunidad cristiana mozárabe bajo el dominio islámico. Su postura, conocida como adopcionismo, planteaba que Cristo era hijo adoptivo de Dios en su naturaleza humana, mientras que en su naturaleza divina era hijo natural. Esta idea, que podía resultar «sospechosa» de influencias islámicas, le permitía a Elipando tender puentes con la teología musulmana y facilitar la convivencia entre cristianos y musulmanes. ¡Un auténtico diplomático religioso!

Beato de Liébana

Pero Beato de Liébana, desde la seguridad de su monasterio en las montañas asturianas, no estaba dispuesto a hacer concesiones. Defensor a ultranza de la ortodoxia cristiana, consideraba el adopcionismo una herejía y atacó duramente a Elipando en su obra «Comentario al Apocalipsis». ¡Un auténtico guerrero de la fe! Beato no se andaba con chiquitas. En su «Comentario al Apocalipsis», le dedicó a Elipando frases como «¡Oh, Elipando, perro rabioso, lobo cruel, dragón venenoso!» o «Tu doctrina es una abominación ante Dios y los hombres.” o “Testículo del Anticristo» ¡Con esos piropos, no es de extrañar que la polémica llegara hasta el Papa y Carlomagno!

Este enfrentamiento tuvo importantes implicaciones políticas y religiosas. La Iglesia Asturiana se independizó de Toledo, dotando al reino de Asturias de una estructura social completa (“oratores», “bellatores» y “laboratores») y de una justificación para expandir la religión católica. El apoyo de Carlomagno y el Papa a Beato otorgó al reino asturiano legitimidad internacional. Beato de Liébana, con su «Comentario al Apocalipsis», se convirtió en un referente intelectual y religioso en la Europa cristiana, reforzando la imagen del reino de Asturias como bastión de la fe. Además, fue el primero en señalar a Santiago Apóstol como patrón de España

22.4. Bermudo I: El diácono

Tras la muerte de Mauregato, la nobleza asturiana volvió a demostrar su poderío eligiendo a un nuevo rey: Bermudo I, sobrino de Alfonso I, aquel rey guerrero que tantas victorias otorgó al bando cristiano frente a los musulmanes. ¡Bermudo llevaba la lucha en la sangre! Nieto de Pedro de Cantabria, quien emparentó a su hijo con el mismísimo Don Pelayo, el héroe de Covadonga, Bermudo era un auténtico heredero de la tradición guerrera y la resistencia cristiana. ¡Casi nada!

Bermudo I

Pero Bermudo, a diferencia de sus antepasados, había sido educado para la vida eclesiástica, lo que le valió el apodo de «el Diácono». ¡Hasta los curas podían ser reyes en la Asturias del siglo VIII! Y este, además, con pedigrí. Sin embargo, su reinado no fue precisamente un remanso de paz. En Al-Andalus, el emir Hisam I había tomado las riendas del poder, y su política agresiva hacia los reinos cristianos del norte obligó a Bermudo a dejar los rezos y los salmos para enfrentarse a una nueva oleada de ataques musulmanes.

Bermudo tuvo un reinado corto y complicado. Su intento de frenar a los musulmanes en la batalla del Burbia terminó en derrota, lo que supuso un duro golpe para el joven reino asturiano. Quizás esta derrota, unida a otros factores como su edad o su formación religiosa, influyó en su decisión de abdicar al trono en 791 y retirarse a un monasterio, dejando vía libre a Alfonso II. ¿Un rey desmoralizado? ¿Un místico en busca de la paz interior? ¿O simplemente un hombre abrumado por la responsabilidad? ¡Un misterio por resolver!

Lo cierto es que Bermudo I, a pesar de su corto reinado, tiene un lugar especial en la historia. Se le considera el primer rey de un linaje que llega hasta nuestros días, enlazando con la actual familia real española. ¡Casi nada! Un auténtico «antepasado real» que dejó su huella en la historia de España.

Notas

  • 1
    Las asociaciones con el pepino, Pipi Calzaslargas y demás rimas son inevitables, y seguro que más de uno ha soltado una sonrisa al escuchar el nombre de algún rey franco
  • 2
    Un reinado corto, de sólo seis años, sin penas ni glorias.
  • 3
    Unos dicen que fueron los vascos, enfurecidos por la destrucción de Pamplona, otros una alianza de moros y vascos, incluso hay quien dice que fueron aquitanos. Vaya usted a saber. La derrota de Roncesvalles fue un duro golpe para Carlomagno, que vio cómo sus sueños de gloria se desvanecían en un estrecho valle pirenaico.