Fruela I, hijo de Alfonso I, heredó el trono asturiano en el año 757. Y vaya si lo heredó… ¡con todas sus consecuencias! Si su padre fue el rey que expandió el reino, Fruela fue el que lo consolidó a base de acero y, lamentablemente, también de sangre.

Este monarca, de carácter impetuoso y un tanto «bruto» (digámoslo suavemente), no tardó en demostrar que no se andaba con chiquitas. De hecho, fue el primer rey asturiano en enfrentarse directamente al emir de Córdoba, Abderramán I. Y no solo eso, en una de sus incursiones, ¡capturó a un familiar del mismísimo emir y lo mandó ejecutar! Vamos, que le echó un par de… valentía al asunto.
Pero Fruela no solo se metía con los musulmanes. Los vascones, que siempre habían sido un poco rebeldes, aprovecharon la muerte de Alfonso I para intentar independizarse. Grave error. Fruela I los aplastó sin piedad en una batalla, en la frontera entre Asturias y el territorio vascón, dejando claro quién mandaba en el norte.
Y en casa, las cosas tampoco estaban tranquilas. Fruela, desconfiado por naturaleza, creía que su hermano Vimarano conspiraba contra él. ¿Solución? Ordenar su asesinato dentro de la iglesia de Santa María de Oviedo. Un acto sacrílego que demuestra la crueldad y la impiedad de este rey. Claro, esto no le sentó muy bien a la nobleza asturiana, que ya estaba harta de sus excesos y su crueldad (no olvidemos que le apodaban «el Cruel»).
Pero Fruela, además de guerrero y un poco «despiadado», también tenía su corazoncito. Se casó con una noble vasca llamada Munia (sí, ¡otra Munia!), y con ella tuvo varios hijos, entre ellos al futuro rey Alfonso II.
Y como buen rey, Fruela también se preocupó por los asuntos del reino. Impulsó la construcción de iglesias y monasterios, y fue el primer rey asturiano en acuñar moneda, lo que demuestra su interés por consolidar el poder y la economía del reino. Eso sí, también se le recuerda por algunas medidas impopulares, como la prohibición de que los curas se casaran. ¡A saber qué pensarían los pobres clérigos de aquella época!
En fin, que Fruela I fue un rey con luces y sombras. Un guerrero valiente, un líder implacable, pero también un hombre cruel y autoritario. Su reinado, breve pero intenso, terminó de forma trágica: fue asesinado en Cangas de Onís en el año 768, víctima de una conspiración palaciega. Un final a la altura de su vida, llena de batallas, intrigas y decisiones controvertidas.