07.1 La llegada de Amílcar Barca
Pongámonos en situación. Hispania, en el siglo III a.C., era un mosaico de pueblos, íberos, celtas, celtíberos, cada uno con sus costumbres y, por supuesto, sus rencillas. Sí, amigo lector, digo bien, Hispania. Aunque los griegos usaban el término Iberia para referirse a la península, los cartagineses, herederos de la cultura fenicia, ya la denominaban así mucho antes de que los romanos pusieran un pie en ella y empezaran a utilizar ese nombre. Cartago, una potencia en el Mediterráneo occidental, acababa de salir maltrecha de la Primera Guerra Púnica contra Roma. Perdió Sicilia, Cerdeña, Córcega y su supremacía naval, además de tener que pagar una cuantiosa indemnización.1El Mediterránea estaba en camino de convertirse en el «Mare Nostrum» Un panorama desolador que, sin embargo, Amílcar Barca, general cartaginés de reconocido prestigio, vio como una oportunidad.
Amílcar desembarcó en Gadir (Cádiz) en el 237 a.C. con un ejército y una idea clara: convertir Hispania en la nueva base de poder de Cartago. A diferencia de los fenicios, sus primos lejanos, quienes se habían limitado a establecer colonias comerciales en la costa, los cartagineses de Amílcar tenían ambiciones más amplias. No se trataba solo de comerciar, sino de conquistar, controlar y explotar los recursos de la península. Y vaya si lo hicieron.
07.2 Dominación y auge económico
Los cartagineses, combinando la diplomacia con la fuerza militar, se expandieron rápidamente por el sur y el este de Hispania. Amílcar, y posteriormente su yerno Asdrúbal el Bello, fueron maestros en el arte de la negociación y la coerción, atrayendo a unos pueblos con acuerdos ventajosos y sometiendo a otros por la fuerza de las armas.
La llegada de los cartagineses supuso un cambio radical en la economía de la región. No se limitaron a la tradicional extracción de plata, que ya era importante en la zona, sino que la llevaron a otro nivel. Ingenieros, posiblemente muchos de ellos griegos, supervisaron la modernización de las minas, mientras que mano de obra esclava, incluyendo africanos, se encargaba del trabajo duro.
Pero la explotación no se detuvo ahí. Los cartagineses diversificaron la economía, impulsando la producción agrícola y manufacturera.
Se intensificó el cultivo de productos como el esparto, una fibra vegetal muy apreciada para la fabricación de cuerdas y otros objetos. La producción de sal, esencial para la conservación de alimentos, también experimentó un gran auge. Y no podemos olvidar la pesca, especialmente la del atún, que se convirtió en una auténtica industria. Las salazones de atún, conocido como «el cerdo del mar» por la variedad de usos que se le daba, y la famosa salsa garum, un fermentado de vísceras de pescado que causaba furor en el Mediterráneo, se produjeron a gran escala y se exportaron a todo el mundo conocido, generando grandes beneficios para Cartago.2Los Barca demostraron, una extraordinaria capacidad de emprendimiento empresarial.
Y, por supuesto, no podemos obviar la importancia militar de Hispania. Los cartagineses reclutaron a los ya por entonces famosos y cotizados mercenarios celtíberos, guerreros feroces y disciplinados que se convirtieron en una pieza clave del ejército cartaginés.
07.3 La muerte de Asdrúbal el Bello
Tras la muerte de Amílcar en el 221 a.C. (en un combate contra los oretanos), su yerno, Asdrúbal, apodado «el Bello», tomó las riendas del poder en Hispania. Sobre la idoneidad del apodo, no se puede constatar, las fuentes no nos han dejado retratos, y mucho menos, cánones de belleza de la época, pero nos permite una pequeña licencia irónica. Asdrúbal, más diplomático que guerrero, consolidó el dominio cartaginés mediante alianzas y la fundación de ciudades, como Qart Hadasht (la actual Cartagena)3La ciudad de Cartagena, fundada por Asdrúbal el Bello en el 227 a.C. con el nombre de Qart Hadasht, que significa «Ciudad Nueva» en púnico, heredó el nombre de la capital norteafricana. Su magnífico puerto natural, uno de los mejores del Mediterráneo occidental, y su proximidad a las minas de plata de la sierra de Cartagena-La Unión, la convirtieron en un enclave estratégico de vital importancia para los cartagineses. La ciudad no solo servía como centro administrativo y comercial, sino también como base naval y punto de partida para las campañas militares en la península. La ciudad estaba protegida por cinco colinas, de las que Polibio nos da sus nombres púnicos: el de Baal, consagrado al dios púnico; el de Eshmun, divinidad a la que se atribuyen poderes curativos; Aletes, que, según la tradición, fue el descubridor de las minas de plata; y el de Hefesto (Vulcano)., que se convirtió en la capital cartaginesa de la península.
Asdrúbal, buscando evitar un conflicto con Roma, firmó el Tratado del Ebro, que delimitaba las esferas de influencia de ambas potencias. 4El negocio marchaba satisfactoriamente, pero cuando Asdrúbal acuñó su efigie en las monedas, los acaudalados senadores de la república de Cartago se estremecieron detrás de sus cajas registradoras «¡Parece que el general va camino de ser rey!» Nunca llego a coronarse. Pero el destino, a veces caprichoso, tenía otros planes. En el 221 a.C., Asdrúbal fue asesinado por un esclavo celta. Según las fuentes, el esclavo buscaba vengar la muerte de su anterior señor, un ejemplo de la «devotio» ibérica, una institución que implicaba la lealtad absoluta, hasta la muerte, de un guerrero hacia su líder. Podríamos decir que, en términos actuales, el escolta se inmoló por su jefe, solo que el escolta actuó por iniciativa propia. Un final inesperado para Asdrúbal, y una muestra de que la lealtad ciega, ya sea en la antigüedad o en la actualidad, puede tener consecuencias imprevisibles.
07.4 La toma de poder de Aníbal
Aníbal, a diferencia de Asdrúbal, no veía la paz con Roma como una opción viable. Reanudó las campañas militares, expandiendo el control cartaginés en Hispania y, en el 219 a.C., puso sus ojos en Sagunto. Sagunto, una ciudad situada al sur del Ebro, era una aliada de Roma. El asedio y la toma de Sagunto por parte de Aníbal fue la chispa que encendió la mecha de la Segunda Guerra Púnica.
El asesinato de Asdrúbal dejó un vacío de poder que fue rápidamente llenado por Aníbal Barca, hijo de Amílcar.
Aníbal, con apenas 26 años, era un líder carismático y un estratega brillante, educado en la disciplina militar y con un profundo resentimiento hacia Roma.
07.5 El mito de Sagunto
Es importante señalar que la historia de Sagunto ha sido a menudo envuelta en un halo de mito y heroísmo, especialmente en la historiografía española posterior. Sagunto se ha presentado como un ejemplo de resistencia y valentía frente a un invasor extranjero, un símbolo de la identidad nacional. Sin embargo, la realidad histórica es más compleja. Si bien es cierto que Sagunto resistió valientemente el asedio cartaginés, la ciudad era una entidad independiente con sus propios intereses, y su alianza con Roma respondía a una estrategia política en el contexto de las rivalidades regionales de la época. Su uso como prototipo de la valentía española en libros de texto, responde más a la construcción de una narrativa nacionalista que a una realidad histórica fidedigna. La Segunda Guerra Púnica se fraguó en otras latitudes.
En el 218 a.C., Aníbal, en una de las maniobras militares más audaces de la historia, cruzó los Pirineos y los Alpes con su ejército, llevando la guerra al corazón de Italia. Pero eso, como se suele decir, es otra historia.
Notas
- 1El Mediterránea estaba en camino de convertirse en el «Mare Nostrum»
- 2Los Barca demostraron, una extraordinaria capacidad de emprendimiento empresarial.
- 3La ciudad de Cartagena, fundada por Asdrúbal el Bello en el 227 a.C. con el nombre de Qart Hadasht, que significa «Ciudad Nueva» en púnico, heredó el nombre de la capital norteafricana. Su magnífico puerto natural, uno de los mejores del Mediterráneo occidental, y su proximidad a las minas de plata de la sierra de Cartagena-La Unión, la convirtieron en un enclave estratégico de vital importancia para los cartagineses. La ciudad no solo servía como centro administrativo y comercial, sino también como base naval y punto de partida para las campañas militares en la península. La ciudad estaba protegida por cinco colinas, de las que Polibio nos da sus nombres púnicos: el de Baal, consagrado al dios púnico; el de Eshmun, divinidad a la que se atribuyen poderes curativos; Aletes, que, según la tradición, fue el descubridor de las minas de plata; y el de Hefesto (Vulcano).
- 4El negocio marchaba satisfactoriamente, pero cuando Asdrúbal acuñó su efigie en las monedas, los acaudalados senadores de la república de Cartago se estremecieron detrás de sus cajas registradoras «¡Parece que el general va camino de ser rey!» Nunca llego a coronarse.

