02.1 Nuestros ancestros
Cuando los primeros fenicios y griegos, esos turistas prehistóricos con ínfulas de comerciantes, pusieron un pie en la Península Ibérica, se encontraron con un panorama de lo más diverso. Más de cien tribus, cada una con su propio idioma y costumbres, poblaban la península. Imaginad el desafío que suponía para estos intrépidos viajeros intentar entenderse con aquellos pobladores, sin Google Translate ni diccionarios a mano.
De aquellos aborígenes ibéricos, nuestros ancestros, sabemos más bien poco. Los restos arqueológicos y las crónicas de historiadores griegos y romanos, a menudo con cierta tendencia a la exageración, son las principales fuentes de información con las que contamos. «Algunas de las costumbres de los antiguos íberos nos han llegado a través de las crónicas de historiadores como Estrabón. 1Estrabón, geógrafo e historiador griego. Fue un gran viajero que, aprovechándose de la paz romana, viajo a Armenia en Oriente, hasta Cerdeña en Occidente, y desde el mar Negro en el norte hasta los límites de Etiopía en el sur. Recorrió el Nilo hasta Assuán en una expedición dirigida por Elio Galo, prefecto romano de Egipto. El tercer volumen lo dedica a Iberia. Sus datos fueron recopilados de otras fuentes, sobre todo de Posidonio, ya que Estrabón nunca estuvo en la península ibérica. El origen de los primeros pobladores de la Península Ibérica es un tema complejo y aún debatido. Existen diferentes teorías que apuntan a posibles migraciones desde el norte de África o desde Europa central..
Unos sitúan su origen en migraciones procedentes de más allá de los Pirineos, mientras que otros defienden que ya estaban aquí desde tiempos inmemoriales. Sea como fuere, lo cierto es que aquellos hombres y mujeres se las ingeniaron para sobrevivir en un entorno hostil, desarrollando técnicas de caza, agricultura rudimentaria e incluso expresando su creatividad a través de las pinturas rupestres. La vida en la Prehistoria no era precisamente un camino de rosas. Nuestros antepasados se enfrentaban a diario a la escasez de alimentos, a las enfermedades y a los peligros de un entorno natural hostil.
Y hablando de diversidad, ¡menuda variedad de tribus que había por aquí! Los nombres eran de lo más variopinto: lusones, titos, belos, carpetanos, vacceos… Con tanta tribu diferente, no es de extrañar que las disputas territoriales fueran frecuentes. Esta tendencia a la confrontación, como veremos a lo largo de la historia de España, parece estar grabada en nuestro ADN.

Para simplificar un poco el panorama, los libros de texto suelen agrupar a estas tribus en tres grandes categorías: celtas, iberos y celtíberos. Una clasificación que, si bien resulta práctica, no deja de ser una simplificación de una realidad mucho más compleja.
Eso sí, una cosa parece clara: cuanto más al norte, más aguerridos parecían ser los habitantes de la península. Quizás el clima más riguroso tenía algo que ver con ese carácter belicoso. En el sur, en cambio, el contacto con las civilizaciones mediterráneas propició un desarrollo cultural más notable.
Y es que esa vena guerrera de nuestros antepasados parece haber llegado hasta nuestros días. No hay más que ver cómo se las gastan algunos en los campos de fútbol o en las competiciones deportivas. ¡»Las guerreras» les llaman a algunas! Parece que la pasión por la lucha, ya sea con lanzas o con balones, sigue siendo una de nuestras señas de identidad.
02.2 Curiosas costumbres
De aquellos aguerridos pobladores de la Península Ibérica nos han llegado hasta nuestros días algunas costumbres que ya resultaban pintorescas para los primeros turistas de nuestras costas mediterráneas. Claro que quien nos cuenta estas costumbres es el griego Estrabón, al servicio de Roma, quien tamiza sus escritos conforme a la civilización grecolatina (y no podría ser de otra forma). Y ya sabemos de la calenturienta imaginación de los griegos para montar relatos. No obstante, y por divertidos, no puedo dejar de poner algunos ejemplos:
- Los lusitanos se alimentaban principalmente de un pan que amasaban con harina de bellota y carne de cabrón (el macho de la cabra, naturalmente). Hoy, preferimos utilizar las bellotas para alimentar al cerdo ibérico y comernos el jamón; mucho hemos avanzado, digo yo. Además, cocinaban con manteca, bebían cerveza, practicaban sacrificios humanos y tenían la costumbre de amputar las manos de sus prisioneros.
- Los hombres y las mujeres bastetanos bailaban cogidos de la mano una especie de sardana y calentaban la sopa introduciendo una piedra candente en el cuenco o en la bolsa de piel que la contenía. Supongo que, estando los bastetanos asentados en la zona de la actual Granada, serían inmigrantes andaluces los que llevaron la sardana a Cataluña, para cabreo de los nacionalistas catalanes, claro está.
- Entre los cántabros se observaba la curiosa ceremonia de la covada: el presunto padre guardaba cama y fingía los dolores del parto mientras la genuina parturienta seguía labrando el campo, indiferente, o se afanaba en las labores domésticas, y así daba a luz. Además, mandaban las mujeres: ellas heredaban y casaban a sus hermanos; o sea, una ginecocracia, régimen que algunas feministas quieren imponer, aunque Estrabón (Geografía, III, 4, 17-18) lo considera incivilizado.
- Los astures, por su parte, observaban la higiénica costumbre de enjuagarse la boca y lavarse los dientes con orines rancios. No entiendo la sorpresa de los romanos por dicha costumbre, ya que Plinio el Viejo (lo más parecido a un científico de la época) describió en sus obras los beneficios de la orina para multitud de males cutáneos. Eso sí, indicaba que la orina que se debía utilizar era la del propio receptor. Todo un detalle.
- Los celtíberos eran crueles con los enemigos, pero compasivos y honrados con los forasteros que se les acercaban pacíficamente, hasta el punto de que se disputaban la amistad del visitante y derrochaban para agasajarlo. Quemaban los cadáveres de los que morían de enfermedad, pero los de los guerreros caídos en combate los ofrecían a los buitres, a los que consideraban animales sagrados. Como se ha perdido esta ecológica costumbre, los buitres, en la actualidad, son una especie amenazada de extinción en la Península Ibérica. Qué le vamos a hacer.
- Los vacceos practicaban una especie de comunismo consistente en repartir cada año las tierras y cosechas de acuerdo con las necesidades de cada familia. El politburó era extremadamente severo: ejecutaban al ciudadano que ocultaba grano o hacía trampa. Ya se sabe que el comunismo no se lleva bien con la moderación o las matizaciones.
02.3 El origen de la palabra España
Curiosamente, para los visitantes extranjeros sí parecía haber una unidad, digamos territorial, en la península. Fenicios, griegos y romanos aportaron un criterio de unificación a esta amalgama de tribus: todos habitaban «España».
Sí, mi sorprendido lector, «España» fue el nombre que pusieron a la Península los primeros fenicios que recalaron en nuestras costas. Claro que lo hicieron en su idioma y con su fonética. Su origen es la raíz fenicia SPN, que fonéticamente se debe pronunciar «SaPhaN» y que significa «conejo». Y es que nuestras tierras estaban literalmente plagadas de estos simpáticos roedores. Imaginen la escena: los fenicios desembarcando y, de repente, ¡cientos de conejos saliendo de todas partes! No es de extrañar que exclamaran «¡SaPhan!, ¡SaPan!».
Los romanos tomaron este vocablo y lo adaptaron al término, más conocido en la actualidad, de Hispania, y a sus pobladores los denominaron hispanos. Hay otras teorías respecto al origen de la palabra España, pero como no hay consenso entre los historiadores, me quedaré con la más simpática. Que quieren que les diga, para gustos, los colores.
Ahora bien, ¿por qué en la actualidad este término de «hispano» se reserva exclusivamente para los pobladores de América del Sur y Central y para el combinado nacional de balonmano? Misterios de la lengua española…
Los griegos también pusieron su granito de arena con la palabra Iberia (no confundir con las aerolíneas, antes española y ahora… Dios sabrá), es decir, tierra del río «Iber», que es, no podría ser de otra manera, el Ebro. Dicen, no obstante, que originalmente era un río de la provincia de Huelva, pero luego el nombre se utilizó para el actual río Ebro y se hizo extensible a toda la región y a todos sus pobladores.
En nuestros días, y para no entrar en conflictos con nuestros vecinos portugueses, utilizamos el término «Península Ibérica» para referirnos a la totalidad del territorio, que, evidentemente, incluye tanto a España como a Portugal (aun cuando en mi opinión deberían ser un único país… pero esa es otra historia).
Notas
- 1Estrabón, geógrafo e historiador griego. Fue un gran viajero que, aprovechándose de la paz romana, viajo a Armenia en Oriente, hasta Cerdeña en Occidente, y desde el mar Negro en el norte hasta los límites de Etiopía en el sur. Recorrió el Nilo hasta Assuán en una expedición dirigida por Elio Galo, prefecto romano de Egipto. El tercer volumen lo dedica a Iberia. Sus datos fueron recopilados de otras fuentes, sobre todo de Posidonio, ya que Estrabón nunca estuvo en la península ibérica.