17. El ocaso de los visigodos

Ideas Principales

  • El Islam en expansión.

  • Los visigodos en crisis política y social

  • Una rápida conquista

Tabla de contenidos

17.1. La invasión musulmana y la crisis visigoda

En el siglo VII, el Islam se expandía rápidamente por Oriente y el Norte de África. Musa ibn Nusair, gobernador del Norte de África, tenía la ambición de extender el dominio musulmán. Y parece que había leído las alabanzas de la tierra que tenía enfrente -que el Atlantico no parecía algo accesible y tampoco el desierto a sus espaldas. Además parecía que la puerta para acceder a Europa era accesible y la fruta madura (¿en la actualidad también?)

Efectivamente, el reino visigodo, que había dominado la Península Ibérica durante tres siglos, se encontraba en una situación crítica. Las luchas internas por el poder, las crisis económicas y sociales, y la llegada de un nuevo enemigo, los musulmanes, precipitaron su caída.

Las malas cosechas y las epidemias habían provocado una grave crisis económica y social. La población, agotada por los impuestos y las guerras, estaba descontenta con el gobierno visigodo. Para colmo, el reino se encontraba en plena guerra civil entre los partidarios del rey Witiza y los de Rodrigo, quien se había hecho con el trono tras la muerte de aquél.

Witiza, en un intento desesperado por recuperar el poder, había pedido ayuda a Musa.Y aquí es donde entra Musa, como la diosa Ocasión, calva y con una sola oportunidad para ser agarrada. 

En el año 711, un ejército musulmán, compuesto principalmente por beréberes del norte de África, cruzó el Estrecho de Gibraltar (que, por cierto, debe su nombre a Tariq ibn Ziyad, el general que lideró la expedición). La batalla de Guadalete, o de la Janda (cuya ubicación exacta aún se discute), selló el destino del reino visigodo. Rodrigo murió en la batalla y gran parte de la nobleza visigoda fue aniquilada.

Y aquí viene lo bueno. Tras la derrota, los witizianos, para quitarse el muerto de encima, lanzaron el bulo de que el Conde Don Julián, gobernador de Ceuta, había facilitado la entrada de los musulmanes en venganza por la violación de su hija, Florinda, a manos de Don Rodrigo. ¡Menuda técnica para lavarse las manos! La historia de la «caballera» se convirtió en una leyenda, pero lo cierto es que no hay pruebas de que sea real. Lo que sí es cierto es que Don Julián, por las razones que fueran, ayudó a los musulmanes en su conquista.

17.2. La conquista musulmana: un paseo militar

Tras la victoria en Guadalete, los musulmanes avanzaron a la velocidad del rayo (o casi) por la Península Ibérica. En pocos años, conquistaron la mayor parte del territorio visigodo. ¿Cómo pudieron hacerlo tan rápido? Pues parece que hubo una combinación de factores:

  • Los hispanorromanos, hartos de los visigodos y sus políticas, no pusieron mucha resistencia a la llegada de los musulmanes. Además, los musulmanes, en un principio, se mostraron tolerantes con las religiones cristianas y judías, y respetaron las propiedades de los habitantes. Claro que, como se verá, las cosas cambiaron con el tiempo y la llegada de los fundamentalistas… ¡pero esa es otra historia!
  • Los ejércitos musulmanes estaban bien organizados y contaban con una caballería ligera muy efectiva, que les daba una gran ventaja sobre los visigodos. Además, al principio, se presentaron como aliados de los witizianos, lo que les permitió avanzar sin encontrar mucha resistencia. ¡Menuda estrategia!
  • Tras Guadalete, los musulmanes se dirigieron rápidamente a Toledo, la capital visigoda. Se decía que allí se guardaba el tesoro del rey Salomón, ¡y quién no querría ponerle las manos encima! Aunque, por supuesto, nunca lo encontraron…
  • Los musulmanes, alentados por su rápido avance, incluso atravesaron los Pirineos pero fueron derrotados en la batalla de Poitiers (732), por Carlos Martel. Esta batalla marcó el límite de la expansión musulmana hacia el norte y permitió que el reino franco se consolidara como potencia europea.

En resumen, la conquista musulmana de la Península Ibérica fue un proceso rápido y complejo, en el que influyeron factores políticos, sociales, militares y, por qué no decirlo, también un poco de «suerte». La historia posterior de la Reconquista, que duró nada menos que ocho siglos, demostró que la Península Ibérica no se rendiría fácilmente.