15. Visigodos al poder

Ideas Principales

  • Los francos empujan a los visigodos hacía Hispania.

  • Establecen su capital en Toledo.

  • Monarquía electiva, y llena de intrigas y asesinatos.

Tabla de contenidos

15.1. De Tolosa a Toledo

Los visigodos fueron expulsados de la Galia por los francos tras la batalla de Vouillé en el año 507 d.C.

Los francos, liderados por Clodoveo I, querían expandir su territorio y vieron en el reino visigodo de Tolosa una oportunidad. La batalla de Vouillé fue una derrota decisiva para los visigodos, que perdieron a su rey Alarico II y gran parte de sus dominios en la Galia.

La derrota en Vouillé fue un batacazo para los visigodos, pero no hay mal que por bien no venga. Obligados a replegarse a Hispania, fue entonces cuando Eurico, un líder con visión de futuro (y seguramente con ganas de dejar atrás a esos pesados francos), aprovechó la ocasión para consolidar el reino visigodo en la península. Podríamos decir que fue el primer rey de la España independiente de Roma, sentando las bases de lo que luego sería nuestro país.

Obligados a replegarse hacia el sur, Atanagildo en 554 traslada la corte a Toledo, en el corazón de Hispania, por donde ya se habían expandido en el pasado. Desde allí, reorganizaron su reino y se centraron en consolidar su poder en la península ibérica.

La elección de Toledo como capital parece bastante lógica, por varias razones:

  • Ubicación estratégica: En el centro de la península, lo que facilitaba el control del territorio.
  • Defensa natural: En lo alto de un cerro, rodeada por el río Tajo. ¡Una fortaleza inexpugnable!
  • Historia: Ya había sido capital de la provincia Cartaginense en época romana, así que tenía experiencia en eso de ser capital.

Nada conocemos de la opinión de los oriundos de la región sobre este proceso de okupas, como dicen en la actualidad, pero es que en aquellos tiempos no había muchos medios de difusión ni tampoco estaba muy extendida la idea de hacer consultas previas a los nativos para estos menesteres.

Con el tiempo, Toledo se convirtió en el centro político y religioso del reino visigodo. Allí se celebraban los concilios de nobles y obispos, donde se elegía al rey y se tomaban decisiones importantes. Y allí se construyeron iglesias y palacios, que convirtieron a Toledo en una ciudad monumental y, ya de paso, nos dejaron una ciudad Patrimonio de la Humanidad.

15.2. La monarquía visigoda

La monarquía visigoda era electiva. Nada de herencias ni primogenituras. El rey era elegido por un grupo selecto de nobles y obispos, que se reunían en concilios (asambleas políticas y religiosas) para decidir quién sería el nuevo rey. Si querías ser rey, tenías que ser noble, tener amigos poderosos y, sobre todo, ¡mucha suerte para no acabar con un cuchillo en la espalda!

Y claro, como en todo proceso electoral, las intrigas y las puñaladas traperas estaban a la orden del día. Las luchas por el poder eran frecuentes entre los distintos linajes nobles visigodos. Los candidatos se dedicaban a hacer campaña, a repartir promesas (y seguramente algún que otro soborno) para conseguir los votos necesarios. Y si las cosas se ponían feas, pues siempre se podía recurrir a la violencia.

Y si conseguías llegar al trono, no te creas que ya estabas a salvo. La monarquía visigoda era un puesto de alto riesgo. Las conspiraciones y los asesinatos estaban a la orden del día. ¡Ser rey era un trabajo peligroso! De hecho, de los 33 reyes visigodos que gobernaron Hispania, al menos 13 fueron asesinados o depuestos violentamente. ¡Casi el 40%! En algunos casos, con cierta benevolencia impropia de la época, se optaba por un castigo menos drástico: raparle la cabeza al rey y enviarlo a un monasterio. Si, cosa curiosa, los visigodos que querían ser rey debían tener una buena pelambre.

A pesar de sus riesgos, la elección entre pares, como la que practicaban los visigodos, también tenía sus ventajas. Al fin y al cabo, permitía que el más apto (o al menos, el más astuto) llegara al poder. Y si no, que se lo digan a la Iglesia Católica, que lleva más de 2000 años eligiendo a sus Papas de forma similar, y ahí sigue tan campante. Claro que los métodos han cambiado un poco… ¡ahora ya no se estilan los asesinatos a sangre fría! En cualquier caso, es un recordatorio de que los sistemas políticos, ya sean electivos o hereditarios, tienen sus pros y sus contras. En los modelos democráticos, el problema está en que los votantes no siempre tienen un criterio razonable para elegir. Y en los modelos hereditarios, pues ya se sabe, la descendencia puede dar sorpresas… ¡a veces desagradables!

En fin, que la monarquía visigoda era un sistema peculiar, donde la suerte, la astucia y la violencia jugaban un papel fundamental. ¡Un auténtico «reality show» de la época!

15.3. La unificación religiosa de Hispania

¿Os imagináis una Hispania con dos religiones oficiales? ¡Pues eso era lo que pasaba en el siglo VI! Los visigodos, con su arrianismo, no se llevaban muy bien con los hispanorromanos, que eran católicos de toda la vida. Pero en medio de esta división religiosa, un rey visigodo destacó por sus esfuerzos para unificar la península, tanto territorial como religiosamente: Leovigildo.

Leovigildo, que reinó entre 568 y 586 d.C., fue un monarca ambicioso y enérgico. Se propuso dos objetivos principales: unificar la península ibérica bajo el dominio visigodo y fortalecer la monarquía. Para ello, no dudó en utilizar la fuerza militar contra los suevos, bizantinos y otros pueblos que se resistían a su autoridad.  Incluso se enfrentó a las tribus del norte peninsular, especialmente a los vascones, que se resistían a la dominación visigoda.

En el año 581 d.C., fundó la ciudad de Vitoria (“Victoriacum«) como una guarnición militar para controlar a los vascones y asegurar la frontera norte de su reino.

Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, no logró someter completamente a los vascones, que mantuvieron cierta independencia. ¡Vaya si son duros y cabezotas estos vascones! Ni romanos, ni visigodos, ni musulmanes, como veremos más adelante, lograron conquistarlos. Se entiende mejor su querencia en la actualidad por la independencia.

Pero Leovigildo no solo fue un rey guerrero. También tomó medidas para integrar a los hispanorromanos en el reino visigodo. En el año 569 d.C., derogó la prohibición de los matrimonios mixtos entre visigodos e hispanorromanos, un paso importante hacia la convivencia pacífica. Aunque no hay una respuesta definitiva sobre qué rito religioso se utilizaba en estos matrimonios mixtos, es probable que se utilizara un rito mixto, con elementos de la tradición visigoda y de la hispanorromana. A saber.

Sin embargo, la división religiosa seguía siendo un obstáculo para la completa unificación del reino. Hay una curiosa teoría que trata de explicar el sorprendente proceso de conversión de los reyes visigodos arrianos al catolicismo. El avispado lector podrá evaluar si le parece factible.

Resulta que los reyes visigodos tenían una debilidad por las hispanorromanas, y muchas de ellas eran católicas devotas. Como los reyes godos tenían cierta tendencia a divorciarse, sin mucho miramiento de sus esposas y casar con otra más joven, sus mujeres andaban preocupadas. Y devotas que eran, pedían consejo a sus confesores. Y aquí es donde entra la Iglesia, como un «coach matrimonial» de la época. Los obispos, con San Leandro de Sevilla a la cabeza, se dedicaron a «asesorar» a las reinas visigodas, animándolas a convertir a sus maridos al catolicismo.

Pero para «convencer» a los reyes algo había que darles, digo yo. Pues sencillo, ya que la monarquía electiva visigoda era un sistema inestable, donde cualquier noble podía aspirar al trono, por la fuerza si era menester.

Así que la Iglesia, con su habitual astucia, les ofreció una solución a medida: la conversión al catolicismo. Si el rey se convertía, su elección sería por designio divino y hereditaria, y por tanto, contaría con la protección de Dios (y de la Iglesia, claro). ¡Un win-win en toda regla!

Ya digo, que es una curiosa teoría, y nada de lo anterior se puede encontrar en los libros de texto y manuales de referencia, pero que quieren que les diga. De cualquier forma hay algún ejemplo que apoyan esta teoría, es la historia de Indegunda, la esposa de Hermenegildo, hijo del rey Leovigildo. Indegunda, católica devota, con la ayuda del obispo San Leandro de Sevilla, convenció a su marido para que se rebelara contra su padre, que era arriano, y con el fanatismo propio del converso se puso manos a la obra. ¡Menudo drama familiar! Hermenegildo murió en prisión tras ser derrotado por su padre, pero fue elevado a los altares por la Iglesia Católica.

Y así fue como Recaredo, en el año 589 d.C., también hijo de Leovigildo, durante el III Concilio de Toledo, abjuró del arrianismo y se convirtió al catolicismo. ¡Un momento histórico para Hispania! A partir de entonces, el catolicismo se convirtió en la religión oficial del reino visigodo, y la Iglesia Católica incrementó su poder e influencia, a niveles nunca vistos, como veremos más adelante.

Recaredo, no contento con su propia conversión, también obligó a los obispos arrianos a hacer lo mismo. ¡Un ejemplo de «conversión forzosa» que nos recuerda que la tolerancia religiosa no era precisamente una virtud muy extendida en aquella época!  Aunque bien mirado, tampoco es que haya mejorado mucho la cosa en algunos lugares del mundo..

En fin, que la unificación religiosa de Hispania fue un proceso complejo, con intrigas, luchas de poder y mucha influencia de la Iglesia Católica. Pero al final, el catolicismo se impuso, y la Iglesia se convirtió en un pilar fundamental del reino visigodo. ¡Y de la España que vendría después!